EXPEDICIÓN AL INTERIOR DE RANCAGÜA
El Rutero.
En febrero del 2025 salimos desde Rancagüa para explorar los valles cordilleranos de su interior. Partimos con pic-nic para estar todo el día recorriendo esos rincones maravillosos. Con anterioridad sólo habíamos podido asomarnos fugazmente por esos lugares, de modo que no teníamos una idea clara salvo que habíamos vislumbrado unos rincones que prometían ser muy atractivos. Y no estábamos equivocados.

Salimos por la carretera del cobre, que atraviesa Machalí para luego subir una cuesta con vistas preciosas a la cuenca del Cachapoal y sus campos intensa y cuidadosamente cultivados. Por allí llegamos a Coya, pequeño pueblo interior que se ha beneficiado de la más que centenaria explotación de la mina El Teniente. No teníamos un derrotero definido de antemano. No es indispensable y, a veces, es mejor no tenerlo y dejarse llevar por lo que depare el camino.
Así fue que salimos siguiendo la calle principal. Recordaba sí que anteriormente había descubierto una enorme cañería de agua, construida en madera en la década de 1910, que conducía este elemento a una central hidroeléctrica ubicada en Coya para servicio de la mina, construida por la Kennecott, empresa norteamericana que la explotaba. A ratos aparecían tramos metálicos de esta cañería. También vimos extensas nogaladas para exportación.


Al cabo de un rato llegamos a una bifurcación que por un lado apuntaba al interior del valle del Cachapoal cruzando un viejo puente, y por el otro se internaba en un valle afluente, cuyo nombre desconocíamos. Seguimos por este último en medio de una vegetación exuberante y un paisaje grandioso, hasta un retén de Carabineros que cerraba el paso. Había un Cabo de guardia con quien entablamos larga conversación. Por lo general siempre aparece en estos casos algún vínculo, aunque sea remoto, pero que ayuda a generar una cercanía que aquellos guardianes siempre agradecen.



En este caso, el Cabo había estado 7 años en un retén en Vodudahue, provincia de Palena, y por allí surgió el vínculo, pues fuimos vecinos de la comuna de Palena por varios años. Así nos enteramos que estábamos en el valle del río Pangal, junto a otra central hidroeléctrica construida por la Kennecott también hace más de un siglo, hoy reacondicionada y que sigue prestando servicios a la mina.

Pero entretanto ya habíamos descubierto la belleza de ese valle, el crecido caudal de su río, su tupida vegetación nativa y sus impresionantes vistas a las montañas rocosas que encierran el paisaje. Disfrutamos apreciando la sucesión de bosquecillos de litres de gran tamaño que rodean el camino, y los numerosos saltos de agua que se producen en cada uno de las quebradillas por donde atraviesa el camino y donde se encuentran unos ejemplares de peumos antiquísimos.





Desgraciadamente las abejas chaquetas amarillas nos obligaron a hacer el pic-nic dentro del auto. Pasó un huaso a vigilar sus animales, y luego una lenta y enorme retroexcavadora, que nos obligó a hacer hora para tener el camino despejado, por lo que dormimos una siesta, también dentro del auto. Con todo, disfrutamos intensamente de la maravilla del lugar: es un imperdible.

Entretanto, en el Retén nos enteramos que la cañería de madera que me interesaba continuaba a la metálica que habíamos visto al comienzo. Y así fue que al regreso la descubrimos en una parte contigua al camino. Es un acueducto de más o menos un metro de diámetro, confeccionado con tablas de secuoyas importadas desde California.

Estas estaban amarradas con tensores y dispuesta sobre una corrida de durmientes también de gruesos maderos: una maravilla tecnológica de aquellos años, y un logro de construcción en que habrán participado obreros, técnicos y profesionales de diferentes nacionalidades. Hoy está protegida como patrimonio nacional.

Al regreso tomamos por el viejo puente de la bifurcación que habíamos descubierto al subir, para remontar el valle del Cachapoal, suponiendo que nos llevaría a algún lugar. Si en el valle del Pangal las montañas nos impresionaban, acá la sorpresa no acababa nunca: tanto los cerros inmediatos como los más lejanos nos arrobaban y nos obligaban a tomar y tomar fotografías una detrás de otra.



Finalmente descubrimos que ese camino llevaba a una grande y moderna central hidroeléctrica, y su bocatoma ubicada varios kilómetros más arriba. Y, finalmente, descubrimos que ese camino también llevaba al hotel Puma Lodge. Aunque luego de pasar la bocatoma, el camino se tornaba en apenas algo más que un sendero para autos, con algunas pendientes que presentan complejidad para autos medianos y pequeños. Como ya era tarde emprendimos el regreso.

Por el otro lado del valle se interna el camino al Parque Nacional Valle del Río Cipreses, en este momento cerrado al público, como medida de precaución para evitar incendios forestales en estos lugares tan privilegiados. Así fue que regresamos a Rancagüa al caer la noche.
